El favorito que pierde el primer set gana el 31% de las veces, y casi todo ese número depende de cuán favorito era
Hemos medido 19.515 partidos al mejor de tres en los que el favorito previo perdió el set inicial. El porcentaje de remontada sube sin una sola excepción: del 22,3% para un favorito de moneda al aire al 69,6% para uno abrumador. El nivel del torneo, que parece influir, no influye.
Todos los comentaristas tienen su versión de la frase: el favorito ha perdido el primer set, así que el partido está abierto. Queríamos el número real, así que fuimos a los 63.123 partidos de nuestra base de datos que llevan precio de cierre de Pinnacle y planteamos una pregunta estrecha: cuando el jugador al que el mercado hizo favorito pierde el set inicial, ¿cuántas veces gana igualmente?
La respuesta, sobre 19.515 partidos al mejor de tres, es 31,3%. Aproximadamente uno de cada tres. Ese es el titular y por sí solo no sirve de mucho, porque promedia dos situaciones muy distintas.
Al separar esos partidos por lo favorito que era realmente el jugador, el número se mueve en línea recta. Un favorito ajustado —al que el mercado puso entre el 50% y el 55%— remonta el 22,3% de las veces, sobre 3.691 partidos. Entre el 60% y el 65%, el 28,6%. Entre el 70% y el 75%, el 36,1%. Entre el 80% y el 85%, el 45,8%. Y un favorito por encima del 90%, de esos que se ven en primera ronda de un Masters, sigue ganando el 69,6% de las veces tras ceder el set inicial: son 204 partidos, la muestra más pequeña de todas y la que hay que tomar con más cautela.
En toda esa escalera no hay una sola excepción. Cada banda está por encima de la anterior.
El dato más interesante es lo que cuesta perder ese set. Un favorito del 70-75% gana normalmente el 73,0% de sus partidos; tras perder el primer set, el 36,1%. Son 37 puntos de caída. Pero el castigo no es uniforme: para un favorito del 90-95% la caída es de solo 25 puntos, y para uno de moneda al aire, de 30. El daño más grande cae en mitad de la tabla.
Esa forma se entiende en cuanto uno deja de ver el primer set como un marcador y empieza a verlo como una prueba. Un favorito abrumador que pierde un set ha tenido sobre todo un accidente, y sigue siendo abrumador. Un favorito moderado que pierde un set te ha dicho algo nuevo del partido: que la distancia que creías que había quizá no está.
Si se parte la remontada en sus dos mitades se ve dónde se pierde de verdad. Para remontar al mejor de tres hay que ganar el segundo set y después el tercero. Nuestros favoritos fuerzan el tercero el 49,8% de las veces —casi una moneda al aire— y una vez empatados lo ganan el 62,8%. Esas dos cifras multiplicadas devuelven el 31,3% de partida, que es una comprobación útil de que nada se ha contado dos veces. La parte difícil es el segundo set. El set decisivo, ese que se describe siempre como una lotería, no lo es: en él el favorito sigue siendo claramente el favorito.
Las dos mitades escalan con el precio. Un favorito ajustado fuerza el tercer set el 42,5% de las veces y luego lo gana el 55,4%. Uno por encima del 90% lo fuerza el 80,2% y lo gana el 85,4%. Así que los mejores no sobreviven por ser especialmente buenos en el set decisivo: sobreviven sobre todo por no necesitarlo, y por seguir siendo mejores cuando les toca jugarlo.
El formato pesa más que nada que haga el jugador. Al mejor de cinco, donde nuestra muestra son los cuadros masculinos de Grand Slam, esos mismos favoritos remontan el 47,1% en vez del 31,3%. Dos sets de más valen unos dieciséis puntos porcentuales de seguro.
Dos cosas que se espera que influyan y no influyen. La primera es el circuito: los favoritos ATP remontan el 32,2% y los WTA el 30,5%, sobre muestras de 9.317 y 10.198 partidos. Sea cual sea la fama de volatilidad del circuito femenino, en esta medición no aparece.
La segunda es el tamaño del torneo, y esta merece explicación porque es una trampa. En crudo parece una escalera limpia: 30,8% en ATP y WTA 250 y 500, 32,0% en los Masters, 32,6% en los Grand Slams. Solo que el favorito medio de un Grand Slam está en el 71,4% y el de los torneos pequeños en el 66,7%: los torneos grandes tienen desequilibrios mayores. Al mantener fija la fuerza del favorito, la escalera se deshace: dentro de cada banda los tres niveles quedan a uno o tres puntos y cuál va primero cambia de banda en banda. La diferencia nunca fue el torneo. Era quién jugaba en él.
Una nota de método, porque decide si todo lo anterior significa algo. El favorito lo define el precio de mercado, no nuestras propias valoraciones. Nuestra tabla de Elo guarda los números de hoy, así que usarla para clasificar un partido de 2015 sería meter el futuro en el pasado. Un precio de cierre no puede hacer eso: existía antes de que el partido empezara. Las probabilidades se toman sin margen de la casa, se excluyen retiradas y walkovers porque de un partido que no terminó no se remonta, y el mejor de tres y el mejor de cinco no se mezclan nunca.